LA JUBILACIÓN DE ANTONIO

Jueves, 17 de Junio de 2010 19:34 administrador
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            El tiempo pasa de forma inexorable, y como decía un escritor, estamos perdidos en su inmensa playa, en la que somos un minúsculo grano de arena sometido al embate del océano.

 

            Así, y tras cuarenta y cinco años dedicados a su trabajo en la notaría, Antonio Ramírez se nos jubila.

 

            Antonio es un oficial de los que ya quedan pocos, de los de antes, de los de toda la vida, de los de raza. Él, y otros como él, comenzaron a trabajar en una época distinta. Una época en la que la forma de vida era otra y los valores eran otros. Una época de máquinas de escribir, de papeles de calco, de un teléfono (cuando lo había), de malas carreteras y peores caminos; una época en la que, si ya la tarea en la oficina podía resultar pesada y repetitiva, qué decir de las salidas a los pueblos… Pero una época que, los más jóvenes (quizá de manera equivocada porque no la hemos vivido), tendemos a considerar más romántica, porque nos da la impresión de que entonces, pese a todos los pesares, todas las incomodidades y todas las estreches, los oficiales erais más oficiales, y por tanto los notarios éramos más notarios. Y aunque no la hemos vivido, estamos seguros de que se respiraba otro ambiente en los despachos.

 

Hoy, qué duda cabe, somos mucho más modernos: de las máquinas de escribir hemos pasado a los ordenadores; de los papeles de calco, a las fotocopiadoras y a las impresoras; de un teléfono, a las centralitas y a los móviles, a internet, a las copias electrónicas, a SIGNO, etcétera… Sin embargo, creo francamente que se han perdido, o corren el riesgo de perderse para siempre, algunos de los signos (con minúsculas) que caracterizaban el trabajo y el quehacer de aquellas oficinas de nuestros antecesores.

 

¿Por qué digo todo esto? Porque conozco a Antonio desde que vine a La Roda, hace cuatro años; y desde el principio ha transmitido su estilo de hacer las cosas, en su trabajo y en el trato diario. Un estilo que puede explicarse, en una parte, desde la perspectiva de alguien que ha vivido aquellos tiempos, y que con la experiencia, los ha asimilado positivamente en su manera de comportarse y de conducirse. En otra parte, por supuesto, se explica por la forma de ser de la persona. A primera vista, Antonio es un hombre serio, y esta impresión se confirma después. Serio, en el sentido de formal y sensato, responsable y prudente, mesurado y discreto, respetable y respetuoso, puntual y cumplidor, digno y recto… Sí, todo eso es y ha sido Antonio en su trabajo. Y también fuera de él, donde además, no es ni ha sido mezquino ni remolón a la hora de compartir una charla o una velada, ya sea tomando unas cañas, degustando una comida, o haciendo de anfitrión en su rocho.

 

La jubilación, lo sabemos, no tiene muy buena prensa. Pero jubilación significa júbilo, canto alegre, gozo, alegría… características que en el caso de Antonio se cumplen. Y es que ahora puedes dedicarte en cuerpo y alma a tus aficiones, que desde la caza al Camino de Santiago, son variadas y sanas; puedes dedicarte en cuerpo y alma a las mujeres de tu familia (que son seis de momento)… Aunque estoy seguro de que, como todos los oficiales de raza, nunca vayas a retirarte del todo. Si es así, y te arrepientes, ya sabes dónde tienes tu casa.

 

Hoy, cuando más que nunca el tiempo parece esa inmensa playa que nos supera; cuando ese tiempo, proyectado en el día a día y unido a la competitividad y a todas las “comodidades” (entre comillas) de la vida actual forman un monstruoso océano que nos traga y nos deshumaniza, ojalá que ejemplos como el tuyo nos llamen y nos guíen. Por todo ello, vayan desde aquí el más generoso reconocimiento, la más cordial gratitud y el más sincero cariño a tu dilatada trayectoria profesional y humana

 

Antonio Cortés

Actualizado ( Jueves, 17 de Junio de 2010 19:40 )