Soy amigo de Primitivo Fajardo. Además, somos colegas, aunque trabajamos en medios diferentes, y he tenido la suerte de viajar durante los últimos quince años de mi vida laboral con él. Lo que en un principio fue una relación cordial de trabajo, ha derivado en algo más y creo conocerle bastante bien. Por lo tanto, aunque no soy imparcial, sí me creo autorizado a romper una lanza en su favor tras los diversos comentarios que han tenido lugar en su pueblo natal y en toda la provincia, con motivo de los actos de celebración del insigne Picolo.
Una de sus últimas locuras ha sido la organización del acto conmemorativo del aviador Manuel Sánchez Grande, más conocido como Picolo. Su desmesurada pasión por la aviación y el enorme cariño hacia todo lo relacionado con su pueblo le llevaron a una exhausta investigación para conocer a fondo la vida personal y las aventuras y desventuras de este intrépido subteniente del Ejército del Aire.
Con toda esa información escribió un libro, y en connivencia con el ayuntamiento tenía la intención de organizarle un pequeño homenaje coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte. Su ilusión por hacer un acto diferente y que hiciera justicia al aviador, que vio la muerte injustamente en un desafortunado accidente, le llevó a estar presente en el comité organizador que terminó con la celebración de diversos actos militares y civiles que tuvieron lugar el día de marras.








