Plaza Mayor

 
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Rincón literario

A mi esposa

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  Los cielos se abren cuando tú apareces

así resuelta con ese aire de soberana

como si fueras la dueña y señora de todo.

La luz con que la casa se ilumina

cuando llegas de pronto tan contenta

demuestra que las cosas necesitan de ti

acaso como yo requiero de tu presencia,

de la seguridad de tu palabra,

 del sobrado valor que tu me infundes,

para que aflore en mí la inspiración.

Cuando tu estás todo es extraordinario;

la lumbre, ese carmín rojo pasión

que maquilla la lóbrega boca del hogar,

parece un misterioso y placentero crepúsculo,

y el silencio es la paz a la que aspiro

cuando siento la tierra hundirse bajo mi planta

y entonces tu me entiendes tan sólo con mirarme.

Te bastas a ti misma y esa seguridad

 es lo que siempre me hace sentirme protegido.

Eres como una pródiga marea

porque me anega el modo en que me quieres,

sin embargo me encuentro desnudo si no insistes

como cuando amanece en la arena de la playa

y se recoge la colcha de agua que la arropa.

Eres como un volcán en erupción

porque me abrasa tu fuerte carácter

y   sin embargo me quedaría como un témpano

si me faltara tu virtuosa fuerza,

 como si de ti, tal vez, manara el combustible

que mantiene encendida la llama del amor.

Y es que si ando no es porque tengo unos buenos pies

que abarcan cada día la tierra con sus pasos,

 o porque se erige un cuerpo sobre ellos

con el ánimo justo para hacerles andar,

sino porque poseo un alma dispuesta

que sólo se estremece si eres tu quien la impulsa.

                         

                                                             P.A.M.S

Actualizado ( Viernes, 03 de Julio de 2009 17:17 )
 

LA VISITA VI

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            Los violentos colores del crepúsculo inflaman con nubes purpurinas y el cielo aparece complacidos resplandores. Las órbitas de los árboles parecen hincharse con el estrépito de los pájaros. Plácidamente la tarde se va dejando caer en una honda plegaria.

 

             A estas horas vespertinas me he acercado a visitar al cura. No hemos logrado entablar conversación a solas desde que regresó de su viaje a Jerusalén. La puesta esta abierta; destaca un icono de la virgen en la penumbra suave de la entrada. A la izquierda abren dos puertas más, una la del estudio, la otra conduce al salón; entro en el callado ámbito, invadido por una absoluta serenidad anhelante. La estancia esta sumida en una luz tenue que funde los colores en una honda meditación.
Actualizado ( Viernes, 17 de Abril de 2009 23:17 ) Leer más...
 



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