Perdone, Majestad…
Y por eso he mandado construir esta tabla redonda que nos servirá de mesa para nuestras reuniones. Cuando nos sentemos aquí a debatir las cuestiones de Camelot, todos valdremos lo mismo, nos olvidaremos de nuestros cargos y todas las opiniones serán valoradas de la misma manera. Yo ya no seré el rey, simplemente seré uno más, un caballero corriente y moliente, un noblecillo o infanzón de tres al cuarto. Como vosotros. Fijaos que incluso he llamado a Lanzarote para que se siente también con nosotros a pesar de los rumores que van circulando por el reino que si Lanzarote esto, que si Lanzarote aquello, que si Lanzarote trepa hasta una ventana de la torre sur cuando el rey está de viaje y se acuesta con la reina Ginebra a la que, por otro lado, no tiene que forzar en exceso. Y lo he llamado. Porque no quiero rencores, ni rencillas personales cuando se debatan los asuntos del reino.
Del mismo modo, nadie podrá llevar su espada en el cinto, las dejaremos encima de la mesa como símbolo de que en nuestros debates regirá la paz, el respeto mutuo, el buen tono y la cordialidad. Recordad que somos los referentes del pueblo, un espejo donde mirarse…
“Perdone, Majestad, pero es que usted todavía no ha dejado la suya…”
¡¡¡Se puede saber quién cojones le ha dicho a Lanzarote que abra la boca!!! Por que yo no. Y para que esto funcione tendrá que haber alguien que diga quién y cuándo se puede o no se puede hablar. Hombre. A ver si lo del rollo este de la mesa redonda lo vais a tomar al pie de la letra y se va a convertir esto en un gallinero. A partir de ahora si alguien tiene algo que decir que levante el guantelete.
Vamos a centrarnos que aquí lo importante es el pueblo y debatir los problemas que puedan surgir en el reino siempre desde la afabilidad y la franqueza. Lo primero que quería comentar es que hemos recibido un pergamino acusando a la administración del reino por alguna supuesta irregularidad en las cuentas. Concretamente se me acusa de haberme quedado con 60 monedas de oro de la recaudación del diezmo…
“Perdone, Majestad, pero en el pergamino dice 100 monedas…”
¡¡¡Lo habéis visto o no lo habéis visto!!! Porque yo no he visto a Lanzarote levantar la mano para poder hablar. Y encima lo que dice es totalmente falso. Habíamos quedado en que en esta mesa no se podía mentir, la honradez es algo primordial a la hora de debatir los asuntos del reino. Y el asunto de si he robado o he dejado de robar acaba de pasar a un segundo plano, primero deberíamos de juzgar a Lanzarote por falsear la información. Hombre. Es que hay cosas que no se pueden consentir.
Bien es cierto que no es la primera vez que se me acusa de haberme quedado con monedas de oro. Y como sé que todavía se sigue chismorreando en Camelot sobre las 40 monedas del año pasado, quiero aprovechar este momento de concordia y armonía para aclarar definitivamente el asunto: sí, es cierto que me quedé en un principio con esas 40 monedas de oro por los motivos que fueran que no vienen al caso, pero es que yo creía que nadie se iba a enterar. Imaginaos que así hubiera ocurrido, pues ahora mismo no estaríamos hablando de esto y todo el mundo tan contento. El caso es que me pillaron. Bueno, no pasa nada, yo devolví esas 40 monedas y ya está. No quiero que se vuelva a hablar de ese asunto nunca más porque no se me puede acusar de nada. No soy un ladrón porque un ladrón no devuelve lo que roba…
“Pero, Majestad, ¿y si no le hubieran pillado?”
¡¡¡Que he dicho que no se hable más del puñetero asunto!!! Pero yo como tengo que decir las cosas… Pero si es que con vosotros no se puede. Si la culpa es mía que intento crear un clima conciliador y así es como me pagáis, tratándome como si fuese uno de vosotros. Haced el favor de respetar al rey, que se os da la mano y cogéis el brazo. Aquí se va a hablar de lo que yo diga y cuando yo lo diga…
Y los caballeros recogieron sus espadas y se levantaron dejando al rey con la palabra en la boca. “Preferíamos la otra mesa”, dijeron al salir.
Antonio Carrilero






