Parece contradictorio, pero por un lado los informativos nos avisan acerca del aumento del paro en nuestro país, de lo mal que lo están pasando muchas familias, sobre la caída de la economía en general, y a continuación se nos machaca con los anuncios de consumo sin ningún tipo de reparo, sin poner trabas o recortes al gasto como pueden ser ahorros en la compra, juguetes más baratos, etc.
Si tan mal va la economía, parece que los políticos que gobiernan nuestra sociedad (locales, autonómicos o nacionales), se olvidan de advertirnos de manera incisiva sobre el control en el gasto en estas fechas tan señaladas para el consumo. Parece mentira que paralelamente con los anuncios de las empresas de juguetes, coches, joyas,... no se hagan advertencias sobre el ahorro o un consumo razonable. ¡Vamos que nadie nos dice que nos apretemos el cinturón!
Al mismo tiempo, entramos en la época de Navidad y viene acompañada de la polémica sobre si somos una nación cristiana o laica, si debemos respetar las creencias de otros pueblos o individuos o si son los foráneos los que deberían adaptarse a los nuestros. En verdad la Iglesia Católica ha tenido mucho poder en otros tiempos y algunos de sus dirigentes lo han aprovechado para imponer su doctrina a personas y pueblos por la fuerza. Actualmente, este no es el caso. Por un lado los miembros de la Iglesia realizan declaraciones sobre algunos temas de actualidad y crean opinión sobre otros. Por otro lado, el Estado no puede “deshacerse” totalmente de la comunidad católica por el papel social que cumple en cuanto a servicios a los desfavorecidos, educación a los niños, cuidado de ancianos,... facetas que si no abarcase la Iglesia, tendría que asumir el Estado.Partiendo de esta difícil disociación entre Iglesia y Estado, condenados siempre a entenderse, el debate viene a decidir si tenemos que seguir con la tradición católica de las siglos pasados o volvernos totalmente laicos y dejar que otras religiones tengan el mismo protagonismo que la católica. Si queremos, podemos eliminar cualquier simbolismo religioso como el crucifijo; quizás llegaremos a quitar nuestras banderas por si a alguien molestamos; pero de cualquier manera no conseguiremos nunca llegar a solucionar nuestro problema de fondo que no es más que un problema de identidad. Aún no nos ponemos de acuerdo para decidir de dónde venimos y menos aún hacia dónde vamos y sobre todo no nos ponemos de acuerdo en reconocer un camino común.
De esta manera, sin identidad, cualquiera que gobierne podrá imponer su parecer sobre lo que esta nación quiere ser. Y parece que tendemos a crear un lugar formado por un conglomerado de individuos de todas partes del mundo en el que cada uno aporta sus tradiciones en vez de asumir las autóctonas. Cabría estudiar si en el resto de países civilizados ocurre esto mismo y no más bien en los países más pobres a los que los más ricos imponemos nuestra forma de vida.Además de la religión estamos perdiendo nuestra cultura y tradiciones en otros ámbitos como ocurre con las primeras peticiones de prohibición de las corridas de toros, con la coexistencia (cuando no sustitución) de los Reyes Magos y Papa Noel, con la llegada casi impositiva de la fiesta de Halloween, con la eliminación de algunos días festivos nacionales y su sustitución por fiestas más comarcales o locales de forma que no nos coinciden (cuando unos disfrutamos de un “puente”, los demás trabajan y viceversa). Es verdad que algunos temas quedan obsoletos y trasnochados, pero no por eso habrá que prohibirlos sino adaptarlos a otros tiempos y a otra sociedad.
Bien es cierto que son temas complicados en los que cada uno podemos tener nuestra opinión y respetar la de los demás. El debate que originan estos asuntos deberá ser profundo y no el resultado de una corriente de moda pasajera que quizás no tenga luego vuelta atrás. Quizás el mejor modo de debatir sea el de respetar todas las ideologías sin llegar a prohibir los símbolos que identifican estas doctrinas con la excusa de que hieren la sensibilidad de los demás.
Con la llegada de este complicado 2009 desde la Asociación Cultural Plaza Mayor, todos los que componemos este grupo que intenta cada dos meses hacerles llegar esta edición escrita, les deseamos una FELIZ NAVIDAD y un FELIZ AÑO 2010.






