¿Os habéis preguntado alguna vez por qué en nuestro pueblo, La Roda, no hay apenas zonas peatonales? ¿Acaso tenemos pánico a utilizar nuestras piernas? ¿Quizás somos dependientes de los coches hasta el punto de sentir temor si no los sentimos cerca? ¿O quizás nos da miedo la imagen de un pueblo en decadencia, con adoquines desgastados, fachadas incongruentes, ausencia de verde y aire cargado de vinazas?
Deberíamos ver nuestro pueblo con ojos nuevos, como si fuéramos turistas en busca de algo que nos atraiga la mirada y reavive nuestra fantasía y nuestro intelecto.
La plaza, el corazón de toda ciudad, de todo pueblo, en la que antaño se disponían los edificios más importantes enmarcados con las arquitecturas más hermosas. La plaza, el orgullo de los paisanos. Mirad con ojos de turista nuestra plaza: un aparcadero de coches, con una fuente que apenas vemos rodeada de contenedores de basura, vacía de sombras en verano y llena de frío en invierno, una plaza que no acoge sino que ahuyenta.
¿No sería fantástico rehacerla de nuevo? Una plaza peatonal, revivida con pérgolas de hiedra, con árboles que nos llamen a vivirla, preparada para realizar actividades todo el año (en verano club de lectura, cuentacuentos, títeres, pequeños conciertos… en invierno actividades de movimiento, representaciones…porque el frío no debe ser un revulsivo, sino un acicate para nuestra imaginación, así que aprovechémoslo en las mejores horas). Y ya que tenemos un Centro Cervantino merecedor de la visita de expertos y curiosos, hagamos de La Roda un paso más de la ruta del Quijote, y pongamos en nuestra plaza algo relacionado con este tema (una escultura, un montaje, un mosaico…) y hagamos de ello un emblema digno de mención (tenemos artistas locales muy interesantes y de gran proyección fuera, como Remy J. López entre otros). Una plaza que sirva de marco a nuestra Iglesia, la joya del pueblo.
Pero ahí no acaba todo, desgraciadamente hay más. ¿Acaso no podríamos hacer un gran paseo que una a los dos parques? Es una pena ver cómo el parque de la Cañada se va quedando cada vez más pobre, se quitan árboles y plantas, se adoquina y asfalta cualquier tramo que parezca yermo; Y el parque central, un pequeño pulmón en el centro, se ha reducido para dar paso a los coches, los adoquines, eternos adoquines… nuestro parque de toda la vida se ha reducido a jardín de urbanización. Pero pensad: durante las obras, los coches no han podido circular por ahí, y ¿tan grave ha sido? ¿Acaso no hemos podido vivir sin ese tramo de circulación? ¿Se ha parado la economía del pueblo por ello? ¿Por qué no dejarlo para siempre peatonal? Sería estupendo hacer un paseo temático abierto, sin vallas, en el que el antiguo parque se convirtiera en un centro de experimento para nuevas especies de plantas, un cuidado “invernadero” que florezca incluso en invierno, con zonas abiertas al sol y zonas acristaladas para el invierno, cada flor y especie con su nombre y características, que sirviera de paseo educativo y paso obligado a estudiosos de botánica, y tesis de universitarios. ¿Y el parque de la Cañada? Se podría disponer una zona para algunos animales, ya sean patos en una pequeña laguna, avestruces, pavos reales…distintos tipos de árboles autóctonos y dispuestos para que los más jóvenes conozcan las especies más comunes de La Mancha, dos o tres parques infantiles que abarquen distintas edades, con otro tipo de equipamiento y juegos adaptados y modernizados; e incluso una caseta en la que se puedan proyectar vídeos relacionados con nuestros parajes, su naturaleza, los problemas del agua, …para visitas de nuestros colegios e institutos; equipado con otra zona de jardinería con todo lo necesario para preparar las plantas, árboles, etc. y que también sirviera como recurso educativo de pequeños, adolescentes, adultos… hasta podrían darse cursos de jardinería, encuentros y sensibilización de medio ambiente, cursos de arte en la zona de la macha, o de la ruta del Quijote, o de setas, o de vinos…
¿Y qué decir de nuestro llamado “Paseo de los Tristes? No podemos caminar por él sin apartar la vista del suelo ya que a la mínima podemos torcernos un tobillo debido al mal estado de los adoquines. Necesita un cambio urgente y entonces ¿qué se podría hacer? ¿Poner otra vez el mismo tipo de adoquín repetido una y otra vez hasta la saciedad? O…se podría poner otro tipo de suelo (por supuesto conservando sus árboles) que, por ejemplo, contaran historias: como leyendas de la mancha contadas en imágenes que fueran enmarcadas, cada leyenda, en un gran marco, quizá su nombre pasaría a ser el “Paseo de las Leyendas”; O en lugar de leyendas populares manchegas, podrían ser pasajes del Quijote los más característicos, así pasaría a llamarse “Paseo del Quijote”; O…
¿Y nuestro Paseo de la Estación? Podríamos hacer de él el orgullo de nuestro ajedrez (que tantas gratificaciones nos ha dado), con mesas dispuestas para tal fin en los laterales, un equipamiento urbano fijado al suelo, con sillas o bancos; también podría disponerse de un gran ajedrez gigante con piezas muy grandes (hasta la cintura de un adulto o algo más) que pudieran moverse por un tablero realizado en el suelo, o ampliarlo con más juegos de mesa populares…
Todos esos parques y esos paseos serían un marco fantástico para realizar exposiciones o concursos de pintura, carteles, fotografía, poesías, comienzos de libros favoritos, mercadillo de nuestros libros usados y de los que queramos desprendernos por muchos motivos, y tantas otras cosas…
Todo ello es complicado, lo sé, pero no imposible. Sólo hace falta imaginación y querer hacerlo.Tenemos muchas cosas a las que todavía no hemos sacado ningún provecho, como el Centro Cervantino (que cuenta con ejemplares magníficos del Quijote) y el museo dedicado a los objetos de la vida cotidiana de nuestros antepasados que con tanta paciencia y cariño fue reunido por Antonio Martínez y cedido por su hermano Juan al ayuntamiento, memoria de nuestro pasado y hoy en día olvidado. Nuestra escuela de Rock, cuyos alumnos apenas tiene unos cuantos conciertos al año y con dificultades para ensayar en sus cocheras o donde puedan…Pero todo esto merece dedicarle otro comentario aparte. Pensad en todo ello, es necesario aportar. Necesitamos críticas que construyan. Vivir en una ciudad o en un pueblo en el que nos sintamos a gusto, en el que sea un placer pasear, con el que nos sintamos de alguna manera identificados, merece la pena. Hay que aprender a mirar con ojos nuevos, quizá así aprendamos a ser creativos. Así pues, señor Alcalde: basta ya de hacer obras que no contentan a nadie o casi nadie; obras tan poco imaginativas que antes de nacer ya están muertas. ¿Acaso podemos sentir orgullo de nuestras calles mal asfaltadas, de nuestros parques cada vez más desnudos, de nuestros paseos cada vez más escasos, de nuestra plaza cada vez más parking, de tanto adoquín y de tanta falta de creatividad para lo poco bueno que queda? Siempre he apostado por la cultura, y desgraciadamente este pueblo invierte poco en ella, y no hablo de traer buenas obras de teatro o conciertos o las últimas películas de estreno (que también) sino de crear afición, y eso se consigue muy despacio y con ideas. Para ello hay que dar el primer paso, hay que empezar y creer en ello, porque es un camino largo.
Sé que todo esto es una inversión a largo plazo, no sólo en material, sino también en personal cualificado, pero bien gestionado no sólo podría dar buenos resultados, sino que también situaría a La Roda en el mapa de la ruta de la cultura, por no hablar del enriquecimiento humano que obtendríamos jóvenes y adultos de este pueblo.
Aquí solo hay miguelitos, fábricas de pintura, pubs y bares, y en la actualidad hasta eso empieza a escasear. No digo que esté mal, pero debemos dar a nuestros jóvenes (y adultos) algo más, claro que para ello hay que esforzarse y ofrecerles primero las ideas, después la emoción de quererlo y luego ayudarles a crearlo. Tal vez todo esto parezca una fantasía, pero es perfectamente factible, tan solo hay que quererlo, y si se quiere se puede.
En fin, quizá estas palabras sean en vano y yo sea la única que vea ese vacío. Quizá, después de todo, tengamos lo que nos merecemos.
Toñi Arenas Cortijo





